Un bebé chino salvó su vida milagrosamente al quedar entre las rejas de la ventana del octavo piso del edificio donde vive con su familia cuando caía al vacío.
Lo llamativo es que se salvó porque se le trabaron las orejas con las rejas.
Ahora es cuando empezás a entender esa frase que explica por qué Dios nos dio una sola boca y dos orejas.
Otro que tuvo la misma suerte fue José Martínez de Hoz, haciendo de su defecto una virtud, aprovechó sus gigantescas orejas, escuchó que venían por él y se enfermó para zafar.
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